lunes, 8 de septiembre de 2014

Demasiado para mí

De un tiempo a esta parte noto que muchos de los juegos disponibles en el mercado son demasiado para mí. Sufro en parte ese mal que muchos roleros viejunos conocen de sobra: cuando eres un adolescente tienes todo el tiempo y nada de pasta, pero cuando creces y tienes la pasta (bueno, la que se puede teniendo en cuenta como está la cosa) te falta el tiempo para dedicarle a la afición. Es una especie de versión rolera del principio de incertidumbre de Heisenberg.

No es que esos juegos sean malos, ni que no me gusten, sino que asimilar un nuevo manual, sus reglas y su correspondiente ambientación requiere de un tiempo y esfuerzo que, hoy por hoy, necesito para otras cosas, así que me intento buscar trucos para seguir jugando y aprendo a disfrutar de mis adquisiciones de otra manera.

La estrategia más fácil es recurrir a juegos de rol con reglamentos que sean ligeros y que no requieran de tanta preparación como otros juegos más tradicionales, como Fiasco o 3:16 Masacre en la Galaxia. Si además son juegos con una ambientación poco definida o ampliamente conocida, mejor que mejor. Y es que con la edad, la perspectiva de tragarme varias docenas de páginas de ambientación se me antoja cada vez menos atractiva. Quizás sea por eso que les dedico tan poco espacio cuando escribo algún juego.

Por desgracia, los juegos basados en una ambientación popular suelen ser también juegos de corte más tradicional. Es lo que tienen las franquicias. Y eso suele implicar que vienen con manuales gruesos y habitualmente densos. Aunque son juegos que me gustan, suelo tener poco tiempo para dedicarles. Así, me pasa que cada vez que tengo que preparar una partida de El Anillo Único,  me asalta una pereza terrible. Más aún cuando pienso en lo mal organizado que está el libro. Pero eso es otra historia.

Eso es lo que me acaba tirando para atrás en juegos que, si bien entra en la categoría de ambientaciones populares, como le pasa a Star Wars: Al Filo del Imperio, al que le tengo unas ganas tremendas, pero que no me he comprado porque sé que no voy a poder leérmelo y poner en práctica sus casi quinientas páginas. Sé que éste último dispone de caja de inicio que hacen más ligero el probarlo, pero por ahora prefiero no abrir un melón que sé que no voy a poder comerme.

Además, esos juegos tradicionales tienen la costumbre de venir acompañados de suplementos que amplían la ambientación por aquí o las reglas por allá, y eso suele dividirme el corazón. Por un lado el friki que hay en mí lo quiere poseer todo, pero por otro sé que carezco del tiempo necesario para usarlo en mis partidas habituales. La solución por la que opto últimamente es comprarlos y disfrutar de su lectura, pero suelo ignorar cualquier regla adicional que no venga en el básico para mantener las cosas simples.

Dentro de esa categoría también busco juegos para los que haya suplementos con numerosas aventuras y que tengan una factura razonablemente buena. Porque aunque no hay plan que resista al contacto con el enemigo, sigue habiendo módulos mejor acabados que otros, aunque ahí ya entra el gusto de cada cual. Para mí El Anillo Único tiene un buen suplemento en ese sentido, Relatos de las Tierras Asperas. Y El Rastro de Cthulhu tampoco se queda corto. Lástima que la temática de investigación no le haga mucha gracia a la sección femenina de nuestro grupo habitual.

Como solución a medio camino, andamos pendientes de empezar una partida de Urban Shadows, uno de los herederos de Apocalypse World que, siguiendo el estilo de este último, permite hacer algo a medio camino entre el roleo más tradicional y el más narrativo, mientras vas descubriendo los detalles de la ambientación y los personajes. Ya veremos si cuaja este estilo tan peculiar y podemos sacarle partido. Porque si es así, detrás de el va a venir Dungeon World casi seguro.

Y por último, como no siempre está uno en disposición de hacer frente a las exigencias de preparar una partida tradicional o darlo todo en un juego narrativo, que también son exigentes a su modo, solemos a tener siempre a mano algún juego de mesa, mejor si es de temática cercana al rol, con el que quitarnos el mono de jugar. Al fin y al cabo la cuestión es divertirse.

En fin, todo esto para decir que, pasados los rigores del verano, empieza el curso rolero y este año lo cojo con ganas porque, aunque suene a tópico de rolero viejuno, vengo cargado de proyectos.